Dr. Juan Carlos Iannicelli
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186 visitas Publicada: 08/02/14

GASEOSAS Y ALTERACIONES DE LA CONDUCTA EN NIÑOS

GASEOSAS Y SUS RIESGOS.

Introducción:

La gaseosa (también llamada refresco, bebida carbonatada, soda o cola es una bebida saborizada, efervescente (carbonatada) y sin alcohol.
Los refrescos son llamados bebidas blandas ('soft'), en contraste con las 'bebidas duras o fuertes' (bebidas alcohólicas). Pequeñas cantidades de alcohol pueden estar presentes en una bebidablanda”, pero el contenido de alcohol debe ser inferior  a 0,5% del volumen total, para que la bebida sea considerada como no alcohólica.


El jugo de fruta, el té y otras bebidas no alcohólicas son bebidas suaves técnicamente por esta definición, pero no se reconocen como tal.
Los refrescos son vistos por muchos como un importante contribuyente a la obesidad y los problemas relacionados con la salud, y por lo tanto han sido blanco de embates, como medio para ayudar a reducir la creciente prevalencia de la obesidad, especialmente entre los niños
Los refrescos se han prohibido en las escuelas en Gran Bretaña y Francia, y en los Estados Unidos, y sistemas escolares tan grandes como los de Los Ángeles, Filadelfia y Miami han prohibido, o limitado severamente las ventas de gaseosas.
El tema no es nuevo, en 1942, la Asociación Médica Americana, menciona específicamente a las bebidas suaves, como una fuerte recomendación para limitar la ingesta de azúcar.
 

 
Las bebidas azucaradas son uno de los principales culpables de la epidemia de la obesidad, pero los refrescos también se han relacionado con problemas de comportamiento entre los adolescentes.
La relación entre bebidas azucaradas y peso corporal era controversial. Aunque se sugería fuertemente su asociación, recientemente los resultados de una revisión sistemática y meta-análisis de estudios prospectivos de cohorte y  ensayos (Am J Clin Nutr 2013) mostraron una asociación positiva entre el consumo global de bebidas azucaradas y el aumento de peso corporal en niños y adultos. Sobre la base de la evidencia disponible, de estudios prospectivos de cohorte, un aumento de 1 porción diaria de bebidas azucaradas, se asoció con un aumento de 0,06 unidades en el IMC durante un período de 1 año entre los niños y adolescentes, y un aumento de peso adicional de 0,12 a 0,22 kg, en 1 año entre los adultos.

En los últimos años, se advirtió la aparición de trabajos científicos, donde se  mostraba una  asociación significativa entre los refrescos y violencia. Puede haber una relación directa causa-efecto, quizá debido al contenido de azúcar o cafeína de los refrescos, o puede haber otros factores, que causen tanto, el alto consumo de refrescos como la agresión.
El consumo de “refrescos” con frecuencia se asoció con un incremento de 9.15%, en la probabilidad de participar en acciones agresivas, incluso después de considerar las variables: género, edad, raza, índice de masa corporal, los patrones típicos de sueño, consumo de tabaco, consumo de alcohol.   
 

Esta asociación que inicialmente se observó en adolescentes, parece también extenderse a los niños pequeños.
Entre los niños de 5 años, de acuerdo con recientes investigaciones, aquellos que consumían bebidas gaseosas azucaradas, mostraron aumento de la agresividad, aislamiento y dificultad para prestar atención, comparados con los que tomaban menos o no tomaban estas bebidas.
 


 
Es la primera vez que los efectos de las bebidas azucaradas han sido relacionados con problemas de conducta en niños tan pequeños. Sin embargo, los resultados reflejan tendencias similares entre los adolescentes, un estudio de 2011 publicado en la revista Injury Prevention,  encontró que los adolescentes que beben más de cinco latas de refrescos a la semanaeran significativamente más propensos a haber portado un arma, y actuaron con violencia hacia los compañeros, familiares y parejas.
Otro estudio de los mismos autores informó que el alto consumo de refrescos se asoció con una serie de comportamientos agresivos, o estado de ánimo relacionado, de luchar, sentirse triste o desesperado hasta suicidarse.

BEBIDAS AZUCARADAS Y TRASTORNOS DE CONDUCTA EN NIÑOS
 
Actualmente los investigadores se han orientado en la búsqueda de la asociación de trastornos de la conducta y el consumo de bebidas azucaradas. 
En un reciente estudio, publicado en la revista  Journal of Pediatrics, los padres informaron que el 43% de los niños de 5 años que participan en el estudio Familias Frágiles y Bienestar Infantil bebió por lo menos unatoma” de refresco todos los días, y el  4% consumían cuatro o más  tomas, todos los días. En el mencionado estudio, se evaluaron los datos recogidos en 60 meses de seguimiento.
Un total de 3.001 madres completaron la evaluación en el hogar, a los 60 meses de seguimiento, de los 2.929 niños incluidos en el análisis  sobre el consumo de refrescos y el comportamiento.


Si bien no se puede establecer la causalidad (que las bebidas gaseosas produzcan los trastornos de conducta), dada la forma en se recogieron los datos no se establece la calidad de la bebida consumida, ni la cantidad. No obstante estas limitaciones, en esta amplia muestra de niños de 5 años de edad, habitantes urbanos de Estados Unidos, se encontraron fuertes y consistentes relaciones entre el consumo de refrescos y una variedad de problemas de conducta, coincidentes con los hallazgos de estudios anteriores realizados en adolescentes. (Hemenway et al, datos no publicados, 2013).
Los niños con mayor consumo de refrescos tuvieron mayores puntuaciones en la subescala de agresión y fueron más propensos a destruir las pertenencias de otras personas, meterse en peleas, y atacar físicamente a las personas. Estos niños también eran más propensos a mostrar un comportamiento retraído y problemas de atención.

La cafeína es una sustancia psicoactiva utilizada en adultos y niños, que es legal, fácil de obtener, y socialmente aceptables para el consumo.
Las gaseosas, son productos altamente procesados que contienen agua carbonatada, jarabe de maíz alto en fructosa, aspartamo, benzoato de sodio, ácido fosfórico o cítrico, y con frecuencia cafeína, cualquiera de los cuales podría afectar el comportamiento.
La cafeína se ha relacionado con la falta de sueño, nerviosismo,  impulsividad y la toma de riesgos en los niños y adolescentes, un estudio de niños de 9 a 12 años de edad, en Brasil encontró que las personas con depresión, tenían más probabilidades de consumir cafeína.


Los fabricantes de bebidas manifiestan que la cafeína se añade para mejorar el sabor de sus bebidas. Esto es poco probable debido a que la cantidad de cafeína que se utiliza en estas bebidas,está por debajo del nivel de detección reportado en la mayoría de los estudios del gusto (James etal., 1997) y  la mayoría de las personas son incapaces de distinguir refresco descafeinado y con cafeína basado en el sabor. (Griffiths y Vernotica, 2000)
Otra explicación de la popularidad de los refrescos con cafeína, es que la cafeína aumenta la preferencia, condicionada al sabor de los alimentos y  bebidas, que contienen edulcorantes añadidos.
En consecuencia, se ha argumentado que la popularidad de las bebidas carbonatadas con cafeína no es debido al mejor sabor, sino que modifican el estado de ánimo y a la inducción de dependencia de las propiedades de la cafeína.

Por desgracia, el conocimiento de los efectos del uso de la cafeína, sobre el comportamiento y la fisiología de los niños sigue siendo poco estudiada y poco conocida. Se clasifica como una droga estimulante que se utiliza típicamente por su capacidad para  alertar el sistema nervioso central. Aunque generalmente reconocida como segura por la FDA, el consumo de cafeína en exceso puede dar lugar a riesgos graves para la salud y, en casos raros, la muerte.
La cafeína es un alcaloide psicoactivo del grupo de las xantinas. 
La cafeína recibe también otros nombres relativos a los productos que la contienen, como la guaranina (encontrada en la guaraná), mateína (encontrada en el mate) y teína (encontrada en el té). La cafeína es producido por una variedad de granos, hojas y frutos, donde su amargura actúa como elemento disuasorio a las plagas.


La cafeína se encuentra en el café, el té negro y el chocolate, ya que se produce naturalmente en el grano y hojas de las plantas que se utilizan para la fabricación de estos productos (Friedman, 2007; Kovacs y Mela, 2006). La cafeína también se utiliza como aditivo en otros productos, tales como refrescos, bebidas energéticas, y algunosanalgésicos (Frary et al., 2005).
En los niños, el principal vehículo para la cafeína son las bebidas gaseosas que también contiene una gran cantidad de azúcar (Frary et al, 2005; Harnack y otros, 1999; - Smiciklas-Wright et al, 2003).
 


 
Por lo tanto, durante la infancia y la adolescencia, una proporción significativa de la población, está expuesta a consumos repetidos de azúcar ycafeína, en forma conjunta. Esto facilita el desarrollo de dependencia a la cafeína y, tal vez, también contribuye a una mayor preferencia por los alimentos y bebidas que contienen azúcar añadida. El azúcar es un conocido 'recompensa natural' que activa las vías de recompensa similares a las drogas de abuso, como la cocaína, la anfetamina y la nicotina.

Si bien los datos de estudios en adultos sugieren que la cafeína es  suficientemente segura, los efectos de la cafeínaen los niños, que están en período de desarrollo rápido del cerebro, no se conocen actualmente. Además, la investigación sistemática sobre la relación entre los síntomas depresivos en los niños y el consumo de cafeína es deficiente. Se ha producido un aumento constante en el consumo de cafeína entre los jóvenes en los últimos años y se estima que el 75 a 98%  consume al menos una bebida con cafeína al día.
Los estudios también han demostrado que el consumo elevado de cafeína puede provocar ansiedad y condiciones similares a la depresión. Se ha postulado que la cafeína en dosis no tóxicas actúa como un antagonista competitivo de los receptores de adenosina  A1 y A2,  y los estudios han demostrado que la adenosina interactúa con los receptores de dopamina DRD2, así como con la neurotransmisión glutamatérgica. Tanto los sistemas dopaminérgicos y gluatamatergico se han implicado en trastornos psiquiátricos (trastornos del estado de ánimo).

Conclusiones:
El consumo de cafeína va en aumento entre los niños y adolescentes. Esto ha llevado a muchos investigadores a cuestionar la seguridad del uso de la cafeína dentro de esta población, sin embargo existen pocos datos empíricos sobre los efectos fisiológicos, psicológicos o de comportamiento de uso habitual de la cafeína entre los niños. Está claro que los niños pueden y deben desarrollar tolerancia fisiológica a la cafeína.
Finalmente, dada la investigación que se ha llevado a cabo en modelos animales, es posible que el consumo habitual de cafeína, pueda conducir a la sensibilización cruzada, del sustrato neural de “recompensa”, mecanismo similar  al de las drogas ilícitas.
Teniendo en cuenta todos estos factores, es necesario que se realicen más investigaciones sobre el uso de la cafeína en los niños para comprender las consecuencias a largo plazo, de la exposición de cafeína durante este período crítico de desarrollo.